Desde hace unos años, algunos estudios están alertando sobre los peligros neurodegenerativos de los deportes que acarrean contusiones cerebrales, como el rugby, los remates de cabeza o el boxeo, ahora tan de moda para descargar tensiones. Es un lugar común la imagen del boxeador zumbado, en sentido psÃquico. La lógica deberÃa bastar para deducir que secuencias repetidas de golpes en la cabeza, por muy granÃtico que sea el cráneo, pueden reblandecer el cerebro o, al menos, desorganizar su misteriosa estructura interna.
El último estudio lo publica este mes en Frontiers in Human Neuroscience un equipo de la Universidad británica de Stirling; se ha centrado en los entrenamientos de rutina en el boxeo. Tras evaluar el control motor y la función cognitiva de 20 boxeadores antes y después de una sesión de combate de nueve minutos (tres rondas de tres minutos), han hallado alteraciones a corto plazo en la comunicación cerebro-muscular y disminución del rendimiento de la memoria, si bien 24 horas después estos efectos se normalizaban.
“Aquà hemos analizado los impactos subtraumáticos, aquellos que están por debajo del umbral de la conmoción cerebral. Aunque transitorios, los cambios cerebrales recuerdan los observados después de una lesión cerebralâ€.
No se trata de desanimar a los aficionados, pero a la mÃnima amenaza lo mejor serÃa imitar a Charlot y agarrarse férreamente al cuello del contrincante o empezar a dar vueltas por el ring.
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